martes, 19 de junio de 2012
Me voy a la cama, por así decirlo.
Me voy a la cama por así decirlo. Porque irse a la cama implica descansar y haré todo menos eso. Esta noche decido no cargarme de optimismo para darle paso a la intriga de una estabilidad emocional ajena que sabe a muchas otras cosas menos a eso.
Me voy a la cama por costumbre y no por necesidad. Porque el mundo da la vuelta para esconderse del sol aunque pareciera que es al revés. Porque mejor sería darle la espalda al sol y a todos cuando menos tengas ganas de plantar una sonrisa en tu cara. Porque así no tendrías que esperarte a que el sol se ponga para esconderte en tu cuarto y dejar la sonrisa en el buró junto a otros accesorios más de esos que tanto necesitamos en el día.
Me voy a la cama por así decirlo. Porque se escucha feo decir; me voy a mi rato de amargura y soledad voluntariamente placentera. Porque aunque la felicidad es un estado de ánimo; el contraste realmente es el momento más sincero de uno mismo. Aunque todo esto suene a incomprensión, es precisamente su opositora la que me hace decidir irme a la cama, por así decirlo.
Me voy a la cama pero no a dormir. Me voy, en el sentido figurado, porque aquí me quedo... y me quedo... y sin embargo, no estoy.
Etiquetas:
bohemia,
cama,
costumbre,
divagar,
emoción,
ensayo,
escribir,
escritura,
incomprensión,
literatura,
manuel delgado,
Mario Benedetti,
meño,
metáfora,
poema,
poesía,
prosa,
soledad,
trova,
verso
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)